Algo para recordar

Estos días han sido atónitos...
vuelves a las andadas...
y yo vuelvo a andar sin rumbo...
no tengo ganas de escribir, tengo ganas de hablar... pero no hay tiempo...
sólo hay tiempo para todo lo demás...
todos estos días pienso mil veces en todo, le doy tantas vueltas... y encima mi cuerpo rebienta...
corriendo rambla abajo... llego al mar... ¿dónde está el mar?
¿dónde está mi regalo?
No hay regalo.
Subo las escaleras, luego las bajo a saltos... no puedo más,... el corazón late sin parar...
el cuerpo en rojo... el alma ausente.
La gente no me tiene en cuenta cuando paso corriendo a su lado... ellos pasean... ya queda menos para verte. En una hora estarás en casa y veré tus ojos alegres, en busca de la gente, la noche y todo lo demás.
Busco tus labios.
Mis labios están rotos, me duelen.
Pensaba que era lo más horrible que podía imaginar... las fotos de aquella isla ... me recordaron el hundimiento de mi ... siempre en altibajos... no quiero volver a surcar las holas sin saber donde caerán.
Me ves como algo fácil, como algo que siempre te va a quedar.
Siempre puedes ir soltando cuerda por si acaso te diera por remar.
De vez en cuando tienes ganas de sentir mi piel... y me remiendas todo el tiempo perdido.
Pero me da igual.
Ahora y siempre vuelvo a lo mismo.
A despedazar mis horas en intención y poca recompensa ajena.
Están ausente de mente y cuerpo. Estoy dispersa.
Tantas cosas, y a la vez nada.
Te me escapas.
Me escapo.
Qué quieres que te diga.
La verdad, sólo da más dolor.
Mejor dejarlo todo como está.
Me siento mal, por pensar que todo va mal, por pensar que todo va bien, y en realidad me da igual.
Nada me rebienta, nada me desata, y todo sigue igual.
Si no son unos problemas son otros.
Me llamas y corro por estar a tu lado unos segundos, tus silencios y desprecios.
Y me da lo mismo.
Sólo quería verte, abrazarte, besarte, saber que estás bien.
Tu te escapas entre la gente, la escusa, para dar vueltas, ¿en busca de qué? eso mismo te preguntas tu a ti misma.
Qué quieres.
Cuando estás en la felicidad, no sabes verla.
Dijo aquella de las horas.
Pensaba que en aquel instante empezaría mi felicidad, la felicidad en mi vida, pero no, en realidad, aquel momento era la felicidad.
Bueno volviendo a mis dolores mentales: poder llevar mis treguas... me siento mal, confundo la felicidad con el malestar.
¿Soy feliz cuando te echo de menos?
¿Soy feliz cuando estás?
Tus silencios.
Te da igual, total.
Todo antes que yo.
No preguntas cómo estoy, no preguntas cómo están aquellos que me puedan preocupar.
Cada uno a lo suyo, evidentemente.
Los hombres te tiran su aliento en la cara y tu vuelves.
Sonríes.
Quizás es eso lo que quieres.
Me da igual.
La gente te persigue, tu me persigues con las persecuciones de la gente, y luego soy yo quien sedimenta los momentos.
No se quién será, si será aquella, aquel, o eres tu. O vuelves a ser tu, pero da igual.
A ti también te da igual.
Sigues pensando sólo en lo que a ti te conviene en cada momento.
Puede que hoy hubiera empezado a sentirme mejor, después de estos días, meses ya, en la nada... puede que me hubiera llenado de ilusión que me llamaras, que tubiera la suerte de que fallaran los trenes, para verte, para estar contigo... pero no hay tanta suerte...
no quieres verte entre mis cosas... por si alguien piensa lo que no es... lo que es, ha sido...
lo que somos...
¿quieres sufrir?
¿Quieres correr por mi?
¿Quieres correr?
¿Quieres estar libre para correr?
Yo sólo quiero que me escuches.


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