28.10.06

No soy supersticiosa porqué me da buena suerte.

Había una vez una niña que no le importaba que se le cruzara un gato negro, ya que la cada vez que una situación típica de mala suerte le pasaba, a ella le daba buena suerte.
Lo había comprobado un día que pasó por debajo de una escalera en medio de la calle, ese día le regalaron la Play Station sus padres de sorpresa.
Desde entonces decidió hacer al revés todas las situaciones que a todo el mundo le traen según la superstición mala suerte.
Así desde que escogió el número 13 para su camiseta en el equipo de voleibol en su colegio destacó y cada vez marcaba más puntos, hasta llegar a ser la capitana.
Decidió también siempre tener el paraguas abierto en casa, ya que desde el mismo día que lo comenzó a hacer empezó a sacar muy buenas notas en clase.
Se levantaba cada mañana con el pie izquierdo, ya que eso le aseguraba que entre los cromos que compraba cada mañana no le salieran ninguno repetido.
Los lunes eran su día preferido porqué hacían su serie preferida en la televisión y su madre hacía de desayunar crepes con mermelada, que le encantaban.
Cada vez que se le cruzaba un gato negro sus padres de sorpresa le daban un extra de su paga y así se compraba un juego nuevo para su videoconsola.
Y así con todas las cosas un domingo aburrida decidió que ese lunes siguiente sería diferente y seguiría las normas de la supuesta superstición de la mala suerte.
Así se levantó con el pie derecho. Su madre no preparó crepes porqué tenía hora con el médico. Se fue a la escuela, llovía, y cuando llegó cerró el paraguas, como todo el mundo. Los cromos que compró salieron todos repetidos. Esquivó de camino a clase a un gato negro, pero se tropezó y se hizo daño en el pie, y no pudo entrenar con el equipo de voleibol, y se quedaría sin jugar el sábado. Rodeó una escalera que había en el patio de la escuela en la hora del recreo y cuando volvió a clase le dijeron que había suspendido el examen de matemáticas. Al salir del colegio quiso abrir el paraguas pero estaba estropeado el mecanismo por tenerlo siempre abierto, se había oxidado.
Se estaba mojando de camino a casa, cuando apareció una chica que vivía en su barrio y le dijo que si quería ir debajo de su paraguas. Ella accedió. Resultó que aquella vecina iba un a un curso superior y le dijo que le ayudaría a recuperar las "mates". También sucedió que a ella le faltaban todos los cromos que le habían salido repetidos, y se los cambiaría por aquellos que le faltaban. Así que le invitó a merendar y descubrió que le gustaban los mismos juegos de la "Play" que a ella.
Así que no hay mal que por bien no venga y sorprendentemente encontró una nueva amiga.