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Orgullo y prejuicio

Orgullo y prejuicio

Las palabras necias, los oídos sordos. Las despedidas austeras, las grandes esperanzas.
Le damos una nueva oportunidad a la vida, aunque parezca aturdida, de tantas vueltas que damos, en busca de nada, esperándolo todo.
Ha nacido una nueva persona, que espera que vaya a verla, y espero ver yo.
Con tranquilidad y a medias, las cosas no satisfacen lo mismo.
La pasión desbordada y sin límite, el saber que no podré dormir en calma sin ella.
La pasividad y el pesimismo de la ignorancia y la insidia contaminan mis silencios, sabiendo que todo acabará. Caminos de ida y vuelta, horas y días y semanas, entre los besos del ayer y del mañana, me queda la luna llena, que bautiza esa niña que llora y espera ver mis ojos llorar de alegría.
La vida es como es, saber y aprender que tendrás aquello que no soñaste, si nunca has soñado con nada en especial, no tienes nada que perder.
Sólo sueño con la felicidad completa, con mirarte a los ojos y ver luz de esperanza que resplandezca en mi mirada y no me deje ver tu cara ni el camino que me espera.
Con caricias que templen mi cuerpo congelado por el frío de los puñales de hielo que han convertido mi corazón en un iceberg en medio de la nada del mar del norte.
Atravesare los océanos en busca de mis alas, de aquellas alas que olvidé en el alféizar de la ventana del verano.
Llegan tiempos hostiles para la lírica.
La felicidad siempre tiene que ser compartida para ser plena.
¡Necesito velocidad!
Quiero que alguien arriesgue por mi sin consideraciones.
La vida va y viene y no se detiene.
Los cuadros espero que estén colgados a la hora establecida.
No espero tu llamada, no espero que tengas ganas de verme, no espero que vengas a quererme.
Solo espero un poco de cariño antes de que salga el sol.
Antes de que acabe este día que acaba de comenzar, espero el regreso.
Alguien con quien de día no vivir, alguien con quien de noche no morir.
Esperar o salir corriendo.
Orgullo y prejuicio.
Un sentimiento tan fuerte que invada mi vida y mis constantes vitales, que me quite el hambre, que me de la sensación de vivir a contracorriente.
Solo espero que para ser feliz no haga falta aprender a amar el sufrimiento.
Recargo mis armas, no quiero mas juegos de palabras, ni adivinanzas.
No quiero un regalo de ternura sin algo que la amarre al suelo, no quiero volar en el globo de las ilusiones desesperadas, por sentir algo venidero, vehemente y caprichoso.
De la mano del cariño anduve ausente aquella noche de enero, de tus labios bebía sin miedo, y a la vuelta de la esquina el dolor me vino de frente y me dejó las heridas abiertas de besos negros.
El tiempo se detuvo entre dos miradas esquivas y ausentes, tu semblante aparente en calma que tiznaba de seguridad el ambiente, tus piernas temblando y tu sonrisa quebrada en otra noche de augurios omniscientes.
Como si nada.
Ahora empieza o se acaba algo nuevo.
No quiero menospreciar esto, no quiero perderlo.
Quiero esperar a que reluzcas mi sonrisa, no quiero perder el filo de la navaja ni la sonrisa, quiero una oportunidad.

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