20.1.07

No hay mejor momento para ser feliz que ahora mismo.

No hay mejor momento para ser feliz que ahora mismo.
Mi amiga se siente sola en Barcelona y quiere marcharse, pero yo creo que si se siente sola aquí se sentirá sola en cualquier lugar.
La soledad es la gran enfermedad de nuestra sociedad pudiente y de caprichos tormentosos. No queremos lo que tenemos, siempre buscando lo que nos levanta el flequillo al pasar con orgullo y desafiante. Enterrados en el cementerio de las almas transparentes y decoloradas por la inalición sentimental. Que no quiero pasarlo mal, quiero coger las riendas de mi carroza de mendigo improvisada al ver en el espejo el reflejo deformado de una sombra inerte y prejuiciosa me enerva dudas del ayer.
Equivocarse consecutivamente, sin miedo a perder mas lágrimas, no aceptaré la vanidad, ni la hipocresía.
Solo el tiempo cálido de tus labios y tus manos resbalando por mi piel serán suficientes para entender que no hay nada más que perder que la soledad.
Armada hasta los dientes de inseguridad, creyendo que nada de mi pueda hacerte quedar conmigo hasta el final de los días. Queriendo más de lo necesario.
Cuando no tienes nada, cualquier cosa te puede sorprender.
Cuando tienes la preciada suerte de encontrar unos ojos que se atreven a mirar a los tuyos, sin desprecio y con toda la intención de hacerte emocionar, entonces empiezas a remontar en tu montaña mágica de ilusiones volátiles de compartir tu existencia con alguien que no se irá, que no mentirá, que no se quedará en silencio mientras le miras.
Nada más que buenas intenciones.
No quiero escribir más, quiero besarte, quiero sentirte. Quiero que vengas a compartir mi tiempo, para no perderlo más.
No quiero nadar a contra corriente, no quiero dar mas de lo que reciba.
No quiero salvarme de ningún otro infierno, ni traicionar ningún sueño más.
Solo quiero sentir sin complicaciones, de buenas maneras, tranquilamente.
Vivir sin estallar de rabia, por inocencia arrebatada a fuerza de lamentos por saber que la intuición me vuelva a fallar.
Esta vez quiero igual que siempre. Pero no voy a dejar que rasgues mi piel a tiras.
Saldré de mi casa apurada por el tiempo, llegando tarde a mi destino, con mi moto sin gasolina, y mi corazón libre de corazas, sin jaulas, sin llaves, sin secretos, sin cárceles, y lanzaré mi lazo de cowgirl para cazar al primer coche que pase por delante y dejar que me arrastre hasta allí donde estés esperándome.
Hasta las estrellas mueren.
Es fácil saber qué piensan las nuevas almas que suben a la noria de las vanidades de las lesbianas de Barcelona, piensan que todo es maravilloso porqué no lo comprenden.
La tranquilidad, la profunda comprensión, la generosidad y la simplicidad.
Nuevas expectativas, buenas expectativas, no quiero perder la cuerda que ata mi tobillo a la tabla de surf que voltea las olas que van y vienen, y siempre acaban por arrasarme.
El buen estilo es llevar ropa cómoda y cálida.
Mi estilo es escuchar a las demás y decir aquello, aconsejar, que yo hice y me salió mal.
Las arañas del pasado tejen la red de desesperación de mis avatares congénitos de ingenuidad. La rabia hace llorar profundamente, la desolación de saber que no puedes compartir mas que momentos exiguos y placenteros breves, intensos y desventurados.
No entender nada, no querer comprender, que cada vela navega en triste desvarío y desavenencia con la perpetuidad de las miradas asesinas de las insolentes piratas que desafiaron al vendaval, y quedaron heridas y rendidas, perplejas ante tanta indolencia vana y paramétrica.
La tangente que cruza el umbral de la sombra perturbada y arrebatada por la magia que algún día tuvo el coraje de visitarla y complacerla en su malestar contenido y confluido por la consternación incesante de no encontrar huellas certeras del paso firme y confundido de las lobas de nieve por la noche funicular.
La melancolía sobrevenida ante la ignorancia, la apatía diaria de no saber qué hacer, qué esperar, qué decir, qué querer.
No te llamaré si no me llamas.
No te diré nada que tu no me digas.
Pensaré bien cada cosa que vaya a decir, para ser lo suficientemente consecuente con mi devenir pausado, sosegado, desalumbrado, inerte y vertiente de sentido cohibido y afligido por la división de las prioridades de la gente en su caminar.
Qué habrá más importante que sentir la ternura en tu ser.
También es cierto que es mejor ir poco a poco, caminar con sigilo y dejar huella.
Decir cosas que nunca diría por no haber sentido lo suficiente en mi vida.
Sentir demasiado es el peligro de no tener paciencia a esperar otra desilusión.
Soy la pasajera del amor desdeñado.
De creer y padecer.

20/01/2007
*canciones para escuchar mientras leer:
Fangoria - Mis plegarias atendidas.
Dover - Let me out.
Estopa - Penas con rumba.
Bob Sinclair - Everybody moving.
Enigma - Return to innocence.
Chavela - Como la espuma.