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Salimos de casa y cogemos el primer taxi

Salimos de casa y cogemos el primer taxi que pasa por la calle Aragón esquina Cartagena, que siempre es un peligro. Sin plan, con el mismo plan de ir y ver que pasa.
Puertas abiertas a la misma ciudad sobre la que cae el cielo, para seguir como un día cualquiera, las calles mojadas, y esperando que te acuestes a mi lado. No me puedo asomar a mi ventana porqué es triste y gris, por ella entra el sol, pero nada más.
El taxista pregunta el destino y yo le indico que vamos a la calle Aribau 81, esquina con Mallorca, al nuevo local de chicas para hacer la primera copa "Dejavu", de una de las concursantes de Gran Hermano, que por cierto nunca hace acto de presencia.
Queriendo hacer una gracia le digo al taxista comienza un intenso diálogo:
- ¿Dónde se dirigen ustedes?- pregunta el taxista.
- A la calle Aribau con Mallorca, contesto estupefacta por la respetuosa forma en segunda persona con la que nos trata el caballero.
- Sí al fondo a la derecha, como los lavabos, añado queriendo hacer un chiste fácil y provocar un despertar de una sensación de complicidad hacia el gentil chofer.
- En ésta vida sólo vale lo que está a la derecha - contesta seguro el taxista - hasta los ceros, solo sirven a la derecha, porqué a la izquierda no son nada de nada. Incluso en la política sólo sirven los de la derecha.- remata él todo decidido, haciendo honor a lo que presumiblemente había pensado yo que podría llegar el monólogo del señor conductor.
Porque los taxistas siempre que pueden dirigen la conversación al terreno resbaladizo de la política, sabiendo que los y las jóvenes personas que cogemos el taxi somos seguramente de pensamiento o ideología antagónica a la de ellos. Cuando menos intentan poner la emisora de radio Cope, para que a ver si éstos jóvenes progresistas de hoy en día escuchan algo sensato de una vez por todas. Ésta cadena subvencionada por la Iglesia y con sentido contenido y locutores basados en intentar convencerse a si mismos y a los demás de que el capitalismo y la antigua forma de pensar antidemocrática era en realidad y es aquella que puede aportar sentido común, si cabe, a nuestra perdida sociedad en manos de un presidente y un gobierno de rojos masónicos comunistas que arrebataron el poder a la derecha a base de mentiras y un sospechoso periodo electoral.
La tristeza en el bolsillo, esperando a que la pena cuando pueda baile conmigo.
Sin un atisbo de esperanza, siempre sin un poco de suerte.
Como el taxista pudo contemplar nuestras caras espantadas a base de comentarios, muy respetuosos al tratarnos de usted, pero avasalladoramente derechistas de ideas, decidió sutilmente comentarnos la siempre solvente temática de la temperatura de la noche.
Que hacía frío, que ya tocaba, ya que era precisamente esa noche el solsticio de invierno. Que en Cerdanyola, no obstante, hacía 4 grados menos de temperatura, y que en Barcelona podíamos dar gracias.
Es cierto que los árboles caducos de la ciudad han retrasado su costumbre de desprenderse de sus hojas dos meses más de lo habitual, y rezagando asimismo la grandeza de poder aplastar y escuchar el ruido típico apoteósico que componen sus hojas de pan al pisarlas en el suelo gris y cuadriculado de la ciudad.
El taxista desconocía no obstante que una de las mujeres que optaban aquella noche a mi congratulación sentimental era de Cerdanyola, y yo podía haber pensado y a mí qué me importa la temperatura que haga allí. Pero sí podía servirme para el futuro cercano encuentro que posiblemente sobrevendría ante mí en unas pocas horas.
Llegamos a la discoteca renombrada por mi sagaz amiga como "Dejabugo", salimos escopeteadas y asustadas de aquel taxi, con tal mordaz personaje, que no obstante conocía a la perfección la dirección de los lugares de ambiente gay y afters, como suelen saberlo todos los taxistas por su beneficio profesional.
El portero me recordó de la última noche que fui, ya que intentamos timarlo de manera que le llevamos varias veces flyers publicitarios del lugar que se podían canjear por bebidas gratuitas, cuando solamente era posible hacer eso una vez por persona y noche. También luego me ofrecí por si necesitaban allí alguna camarera o dj en futuras ocasiones.
Así parece ser que le caí en gracia y me saludó simpáticamente, y me enseñó el libro que decía que leía en su puesto de trabajo, "La interpretación de los sueños II" de Freud.
Fue un tanto sensacional ver que aquel ser condenado a la espera pudiera aprovechar el tiempo en tan enigmática lectura. También condicionó una subliminal sonrisa en mis labios al pensar que esa podía ser una más de las señales del destino. Me adentré con mi amiga en el bar aconsejándole al consumido lector que era mejor la teoría de Edipo a mi parecer, ya que me parecía algo absurdo que todos los sueños estén relacionados de alguna u otra forma con el sexo. Pero al fin y al cabo puede ser sorprendente que el señor Freud se adelantara tanto a los acontecimientos de ésta nueva y cocalizada sociedad, en la que puede que lo que antes hacíamos por amor ahora lo hagamos por dinero. Pero quizás la gente desee poseer dinero para poder conseguir ese mal llamado amor, y simple animal necesidad de sexo. La estabilidad económica te da la posibilidad de consumir y da también la facilidad de poseer un lugar donde dormir, algo que comer y de vestir. Quizás si tienes más alcance puedas mejorar tu aspecto gracias a que la ropa que te has podido comprar te sienta mejor, porqué tiene más diseño, mejor corte y tallaje, y así te proporcione una mejor disponibilidad de futuros contactos sentimentales.
Una persona bien arreglada puede ocasionar una sensación más favorable en aquellas personas que la vean, y así permitir o facilitar una comulgación de almas.
Puede ser todo una mentira bien adornada.
No cambiaría jamás mi universo informal, donde crecen las semillas de lo absurdo y lo genial.
Sólo asusta escuchar los relojes en la oscuridad.
Dentro del local empezamos a beber aprovechando el dos por uno que ofrecen en las primeras horas de la noche. Espero a alguien que no quiera dormir conmigo por las noches y por el día no quiera vivir.
Mi sensación de ausencia de corazón, quiero besar tu dulce cuello y verte desfallecer, esperando que regreses antes del amanecer.
Pero a tu lado los silencios son intensos, el vacío de poder, encontrándome con alguien que no quiere soñar. Que retiene y previene el devenir, por no saltar, por no morir al caer, por miedo al dolor del frío del suelo en el tibio rostro.
Mirando la barra y a través del espejo veo entrar la vampiro de sueños y futura comisionista.
Los ojos no se abren por temor a compartir la soledad, los labios resbalan sin coraje, las máscaras de mutismo tapan los sentidos abatidos a tiro limpio por el destino cautivo en decisiones irrevocables. Todo parece tan absurdo y efímero. Un año no es nada, después de tanto tiempo sin sentir.
Los párpados abanican el alma, la piel tirita de miedo, los dedos se alargan hasta mi cuerpo. Las palabras descubren el menosprecio por algo que en otro momento hubiera sido o pueda ser tangible.
Tiempo al tiempo.
La sangre latiendo en los labios, la ausencia de perdición limitada por saber que acaba todo, sabiendo cual será exactamente el momento final. El día que acabe el año todo acabará. Ya queda menos para enterrar la felicidad.
Día 25. Navidad. Sutilezas de grandezas electrizan el lugar.
Los ojos itinerantes surcan la oscuridad en busca de tu mirada, perdida en algún lugar.
Apareces sin rumbo golpeándome al pasar, de rebote me saludas, como si fuese una figura de tu árbol de navidad.
Tu eres la guirnalda que alegra mis ramas secas y enredadas en la sensación de sentir clemencia de las circunstancias. La existencia sin sentido dentro del orden establecido.
No quedan palabras que lo puedan describir, solo quedo yo sola como siempre escribiendo este sinfín de anécdotas que dan fe de todo lo sabido y consumido en ésta vida, fe de erratas común.
Las personas se las lleva el viento y la casualidad.
Allí en el bar del dejavú, intentado interpretar mis sueños, acomplejada por intentar encontrar un sentimiento parecido al que surge en la relación de mis progenitores, que después de tanto tiempo siguen besándose.
Hay personas que tienen la suerte de encontrar alguien con quien compartir su vida, pero quizás éste no sea el momento adecuado de volver a empezar.
Si se te lleva el tiempo.
Si me quedo como siempre acabando lo que empiezo.
No seré yo quien contradiga al destino, porqué más de una vez lo he pretendido, pero no lo he conseguido, si tiene que ser así, así será. Sayorana baby.
Estupefacta y atónita ante tanta surrealidad.
Cuando empieza el contacto, se deciden por cambiar de bar. Tras los tequilas que tocan por celebrar la navidad ausente de la amistad, viene el momento de correr tras la necesidad de embaucar el corazón con otro montón más de inertes impresiones que crean magia verde y gris que se disipará. La muerte en vida de el afecto que no puede ser, aunque será. Eso pensamos todas. Por pensar que solo es un juego y acabar tirada en el suelo. El miedo al cielo. Reprimirme ya no es una opción.
Las camisas a rayas y su conciencia.
La mujer que intenta entender el mundo y su hipocresía, sabiendo de antemano, que todo tiene un único hilo conductor, el placer sexual.
Mis dedos se están empezando a congelar tecleando sin parar.
Mañana hay que comer más que ésta noche, para luego no saber qué hacer.
Esperando impaciente con deleite una iniciativa de la ajena a la realidad.
Camino hacia mi casa como hace tres noches vengo repitiendo. Tu y tu coche en la Diagonal. Yo y mi existencia en la calle que lleva a mi cama.
Analizar tanto el contexto vital no creo que sea lo más saludable, pero es lo que me queda de ti ésta noche, es lo que hay.
Ver que todo sigue igual. Que la escalera sigue abierta y vacía. Y cielo esperará.
Demasiada paciencia y tranquilidad.
Un poco de amor señor, sopa de amor camarero, que me muero.
Dicen que hay una forma de parar el tiempo pero la desconozco.
Dicen que hay una forma de evitar romper los sueños, pero no la domino.
Nacer y vivir sin saber, queriendo saber, qué pasará. Qué más dará, si tu sientes y yo siento en éste preciso momento. Ya me sirve para escribir un libro y dibujar el resto.
Tres de tres. Dos y seis.
Tu tienes aquello que no tengo, yo tengo lo que te falta. Pero no es el momento, y sobran las palabras.
No pienso romper el silencio, no quiero ahogar el sentimiento en impotencia, solo quiero sentir y latir a diestro y siniestro.
Desconozco qué y quién me espera, quien me busca, quien me acecha. Desconozco todo menos la soledad, mi armadura celestial contra el mar de ausencia de amores.
Mi remedio casero es volver a empezar. Escribir el final y describir qué no quiero, para quizás poder saber qué quiero. No quiero viajar, sólo placer, ya que no creo que encuentre por ahí fuera lo que puedo encontrar aquí. Se que no eres lo que necesito, pero eres lo que quiero, vuelvo a repetir. Estés donde estés.
No quiero desprenderme de ésta sensatez que de pronto ha invadido mi corazón.
No quiero deshacerme de ti, ni dañarte, ni olvidarte. Solo quiero caminar tranquila, darte un poco de cariño que endulce tu partida.
Me encontré con aquella mujer de Cerdanyola, y me dijo que no había tenido tiempo, yo le sorprendí comentándole que en su población hacía más frío. Ella preguntó que cómo lo sabía, y yo le dije que me lo había dicho el taxista.
Ella me dijo que estaba un poco descontrolada con la bebida, ya que no llevaba coche esa noche, que era la costumbre, que ella era muy responsable y no bebía sino. Así yo asumí que esperaba mi regreso con un beso, y volví, pero quizás tanto alcohol melló en su sistema nervioso y no supo esperar lo que tardé en volver y en otros labios, quizás menos ambiciosos, cayó.
Mi reacción infantil fue volverme hacia la ausente y acabar aquella semana de espera.
Resultó que esos labios eran suaves, que esos besos eran miel satinada, que esa ternura era especial y confinaron mi saber y consciencia a seguir en sus redes durante el resto de la velada.
Casuística. Inspirar de nuevo otra revolución. El tiempo ajeno de nadie, sin poder elegir, te marca la identidad, la conducta suicida inevitable, ignorando nuestra voluntad, se impone la desilusión. A fuerza de vivir se aprende a resistir.




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