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Las ilusiones impacientes. El club de las amargadas.



Dicen algunas de mis ex compañeras sentimentales que existe un club de las amargadas. En el estamos invitadas como miembros de honor, todas aquellas damas lesbianas que nos enamoramos de otras damas y no somos correspondidas.
Ésta no correspondencia se suele suministrar de diferentes formas, con ausencias, excusas, falta de consideración, sexo con terceras personas, etc.; que al fin y al cabo requiebran el alma en ruinas que nos dejan las insulsas desagradecidas, y nosotras "las amargadas", nos regocijamos en nuestro propio dolor; somos especialistas en surtirnos de manera taciturna y obsesiva el padecimiento. Somos las impacientes, mujeres no desesperadas, pero si necesitadas de sentirnos queridas.
Mujeres desafortunadas en el amor, ya que encontramos siempre mariposas de colores bonitos, que ellas siempre prefieren seguir su camino y echar a volar por alguna carencia fuera del control o sin posibilidad de solución.
Otro sábado común despierta al compás de la radio despertador que chilla desde el lavabo, tan lejos, tan cerca, pienso antes de decidirme a salir de mi nube tierna de sábanas rociadas delicadamente con los primeros rayos de luz que engendran mi cama.
No quiero más que despertar y verte a mi lado, darte un simple beso de buenos días y salir corriendo, para no llegar tarde.
Pero me despierto, y no hay nadie más, ni siquiera mi gata, que está por el patio jugueteando con alguna cucaracha muerta, porqué Barcelona está plagada de ésos intrínsecos bichos, a los que al final vas cogiendo cariño y dulce apremio, sin más remedio.
No hay nadie en mi cama, porqué la llama de la libertad se convirtió en soledad.
Soy impaciente ante la desinformación. Pero no debo exigirle nada, a nadie. Valerme por mi misma, no necesitar nada de nadie. No quiero hacerme ilusiones, esperanzas, y recrear mi futuro contigo, pero es tristemente inevitable.
Ya que por tus palabras de esta semana, y caricias dominicales, puedo sobrentender que quieres algo más que pasar el tiempo conmigo. Pareces fría y calculadora, tu voz no tiembla por teléfono, dices lo que tienes que decir y no evocas ni una sencilla palabra de alivio para mi espera de todo un día, tras tu sentencia de la noche anterior, en la que yo entendí, que me indicarías si salías y nos íbamos a ver. Todo el día esperando noticias tuyas, y al final, casi a las doce de la noche, tuve que ser yo quien llamara y resultase decepcionada con una afligida revocación de la iniciativa instintiva que tuviste la noche anterior.
Tengo ansiedad. No se dónde esconderla, no me decido por ningún sitio ideal, para que no puedan encontrarla.
Estoy dejando de fumar, el viernes pasado fui al Aire y prohibían la entrada a los cigarros encendidos, apremiando la avidez maldita de la falta de contacto sexual de las lesbianas de la ciudad.
¿Porqué nadie puede entender, porqué tiene que resultar tan dificultoso, que si dos seres se desean no puedan estar juntos el tiempo que quieran? Siempre hay asuntos que interrumpen en la posibilidad de disfrutar un poco de ésta vida. Porque ya es un milagro que alguien se fije en ti, y que resulte que generáis mutuos sentimientos correspondidos, ya que se produce tal colisión de emociones desbocadas, podría ir de la mano, de un día libre de trabajo, o de una madre comprensiva que deja salir hasta tarde a su hija, y no le reprocha que no estudia ni trabaja. Que ése cuento ya me lo sé.
Tus ojos palpitantes de brillo te delatan, se que sientes incluso más intensamente que yo. Que es el comienzo para ti de una nueva vida fuera del armario, que estás sobradamente aceptada, que tengo que tener la inmensa paciencia de siempre, de esperar a que suene la campana de la suerte del amor. Puede que por fin tú seas mi chispa, y yo sea la tuya.
Me da miedo escribir sobre como me siento, sobre lo que quiero contigo, por si me da mala suerte.
Yo quiero lo que supongo que desea cualquier persona, una chica que me comprenda, me quiera y me lo demuestre, que me haga sentirme querida, y que me tenga en cuenta. No quiero sentirme ridícula, fuera de lugar, que sobro, que exijo, que doy igual, que si sí bien y sino también. Quiero que tengas las mismas ganas de verme que yo tengo de verte a ti.
Porqué tengo que ser yo siempre la pieza obcecada de la pareja sentimental. Soy yo siempre la que espera las llamadas, los mensajes, los e-mails. Porqué no por una vez es ella la que espera señales de vida mía.
Pero ella sabe que sea lo que sea que me pida diré que sí.
Pero es una de las veces que comienzo una relación con una persona y veo un poco menos de ensimismamiento, egoísmo y narcisismo. Hay atisbo mínimo de tu entereza por tenerme en cuenta, y eso me hace respetar tus palabras, y da credulidad a tus retiradas.
Lo puedo entender todo en esta vida, y ya no hay nada que me sorprenda.
Andar a medias por Barcelona, después de una rara noche de fiesta heterosexual sin drogas, ¿porqué los heterosexuales no pueden ir de fiesta sin drogarse?
Mdma, Ketamina, Cocaína, porros, y evidentemente alcohol a borbotones. Y yo triste de mi intentado dejar de fumar y comer carne. Al menos mis amigas de toda la vida, que es corta a pesar de mi impresión subjetiva que provoca el estar al abismo de la treintena, no se drogan, ni fuman, y ahora les ha dado por querer ir al Karaoke y salir de marcha por discotecas de ambiente gay, que yo frecuento con amistades de mi misma índole y condición sexual.
Todas las veces que les he obligado y amargamente me han acompañado al Arena para que pudiera sentirme en mi salsa, y ellas amargadas. Me lo permitían en días señalados, como mi cumpleaños, e incluso se dejaban llevar por alguna canción casposa típica y tópica.
Los Karaokes son lo mío, un pequeño escenario, un micrófono abollado, un vodka bronceado ligeramente con unas gotas de Martini, y una canción desesperada en mis labios latientes. La espera tras la segunda actuación es larga, empiezan a acumular los papelitos por orden de mesa o sofá, y normalmente adelantan a colegas, o mujeres más deleitosas y deleitantes, así que sólo queda ir al lavabo unas cuantas veces, acabarte la copa, pedir otra, acabártela y rogar al cielo supremo que no canten la canción que has pedido antes que tu. Hay distintas estrategias para poder cantar al menos una canción cada media hora, como cambiar el nombre en cada papeleta, o si vas a hacer un dúo, poner siempre el nombre de la otra persona. También si hay varios camareros o acumuladores de papeletas de canciones, dar una cada vez a una persona distinta. Luego al elegir la canción, hay que intentar evitar cantar canciones muy raras o desconocidas, ya que puede ser que de nunca ponerla esa pista esté erosionada o borrada del LáserDisc. Así es mejor cantar una de esas típicas serenatas ordinarias como “Karma Camaleón” de Culture Club, que a la vez te distingan por tu buen gusto; siempre nos quedarán los temas de Los Rodríguez, Duncan Dhu o Mecano. Hace unos años resurgió el fervor karaokiano, que no kafkiano, o quizás sí, debido a la proliferación de programas de Karaoke profesional, como Operación Triunfo, y ahora pues se pueden solicitar tranquilamente todos los temas que sacaron del armario y los singles de sus discos en solitario, siendo la más popular e insoportable, la dichosa “Europs living a celebration” de nuestra Rosa de España.
La cuestión es que duermo sola, y no me gusta.
Pues eso, fuimos al Karaoke y no entramos porqué antes tenía la entrada libre, y ahora, decían que desde hacia un año, cobraban sólo por entrar ocho euros.
Fuimos a una discoteca de la plaza real aunque eran las fiestas de Gracia, que últimamente ya no tienen nada de gracia.
En la discoteca más heterosexual del mundo pinchaba el dj más gay del universo: un flequillo y un look de lo más glam gótic, que no paró de poner temazos horteras. Y todos los heteros drogados y no drogados bailaron hasta el amanecer. Y yo triste alma en pena, que había recibido otra negativa tuya de quedar esa noche, después de haber venido a comer a mi casa, y pensar que eras la mujer de hielo, y que no sentías más que simple desprecio por mi existencia ilusoria, paseaba borracha de tres cubatas de Whisky J&B y Red Bull, y me demoraba en cada mirada femenina felina.
No podía creer que fuera ciertamente cierto que la abstinencia sexual forzosa creara en mi un monstruo devora mujeres, que no pudiera distinguir entre lesbianas y puras mironas emborrachadas.
Me sorprendió de nuevo la vida cambiando de tercio, ya no sólo mis amigas heteros querían ir al Karaoke y salir por el Ambiente, sino que también iban asiduamente a discotecas de heteros en las que sorprendentemente triunfaban los temas más clásicos de la música gay.
También podía ver que dentro de tal local las mujeres no sólo miraban mi cuerpo por ver si mi ropa era procedentemente cool o no, sino que su miramiento repasaba mi contorno físico superior, mis ojos, mis labios, y luego sonreían pizpiretas, entonando una bajada de párpados ligera y lenta, al compás de un despliegue de pestañas rizadas y adecuadamente separadas y ennegrecidas por el último modelo de máscara.
¿En “Sex in the city” habrá algún capítulo en el que aconsejen probar con otra mujer, o será la nueva propuesta salvaje y divertida de las chicas Cosmo?
Por mí vale, que prueben todas conmigo.
Una Uruguaya no paraba de mirarme por toda la sala, por toda la noche.
Y finalmente intercambiamos palabras que no nada más, que yo soy en relaciones sin rumbo, como cadenas de música, de alta fidelidad.
Y es que no puedo, no me siento bien luego, y si siquiera existe una mínima posibilidad de que todo funcione y ruede la bola, luego sería un duro y oscuro agujero que tapar o que testificar en el futuro.
Recuerdo la noche previa a mi cumpleaños y que parecía que iba a ser bien triste. Qué cosas llegaríamos a hacer con gran dosis de embriaguez, me caí, me golpeé la cabeza contra una de esas losas centenarias de los edificios modernistas de la calle Balmes, tropecé en los escalones de entrada al infierno, en busca de mujeres diabólicas que me quitaran el sueño, y acabé luctuosamente sodomizada. ¡No te caigas!, me decía aquella chica que me miraba con dulces ojos de cordial deseo. Tras un beso de saludo en los labios apretados y cerrados, por si acaso, nos daba por liarnos. Tanto deseo y tanta depresión envuelta en un papel transparente de celofán de sonrisas y titubeos.
La de la camiseta de Batman.
He de perder el miedo.
Si no eres la adecuada te irás igualmente, escriba o no lo que siento.
Y caminaba yo en busca de la parada de metro de Urquinaona, cruzando el paso de cebra contrastado de la Vía Laietana, pensé que nunca más te volvería a ver, que me daba un miedo horroroso pensar que no querías estar conmigo, y decirles tu nombre a mis amigos, como si se te fuera a llevar el viento, que se llevara mis palabras y mis fuerzas, mi optimismo ingénuo.
Repetir tu nombre sin miedo, como si no fuera un poco mío.
Después de esas noches de verano que me besabas hasta el amanecer.
Si eres la indicada, la que me toca, pues doy gracias al cielo. Pero ya iba siendo hora, la verdad.
Pero no me fío, no se saborear la felicidad.
Sin embargo te doy mil gracias y me sorprendo conmovedoramente por los gratos momentos que me estás brindando, porqué siento que tú eres la persona que más me ha querido nunca en el terreno afectivo, a pesar del poco tiempo que hace que te conozco. Y eso me llena como nunca me ha llenado nada en este mundo, y estoy anhelosa por compartir nuestros sentimientos, por disfrutarlos, por pasear contigo por donde sea o como sea, cuando sea, por poderte mirar a los ojos sin miedo a los relojes en la oscuridad.
Me has encantado.
Estoy pintando mi corazón con el rosa púrpura del Cairo de tus labios.
Porqué tus besos son regalos del viento, tus ojos maravedíes negros que me acechan y embisten, y denotan tu sentimiento vivo por mí, enmeladazo por una inmensa curiosidad.
Vibro y quiero que tú vibres conmigo, para siempre.
Las palabras que se cortan en una conversación de Messenger pueden hacer que salten rayos de turbación entre las parejas que utilicen éste medio de comunicación.
Eres el hada de mis sueños que me cuenta los secretos y verdades de la vida al oído, y yo no puedo decirlos, para que no te marches y no me dejes enclavada en cualquier esquina.
Ámame, devórame, los espejismos de delirios optimistas se ciernen ante mí.
No quiero ser para nada ésta vez, la ilusa que revienta de rabia al verte marchar tras evasivas de subterfugios de palabras vacías en frases a medias.
Que no quiebres mis lanzas al vuelo a medio camino entre tú y yo, con el relámpago de ira de tus pupilas de garras de león.
Éste es el mejor castigo, la mujer más bella, que te tiene arrebatado el corazón, te arranca la piel a tiras poco a poco, con cariño.
Quiero llevarte a la fuente a ver si está seca como aquella vez, o está sedienta de tus labios, como yo.
Y si tiene agua, beberás, aunque no sueles tomar nada nunca, por pudor más que nada, lo sé.
Y si bebes te rodearé con mis brazos y te besaré los labios húmedos del agua de la vida y del amor. Mi sueño idealista de película romántica hecho realidad, con la mujer más bella e interesante que jamás pude imaginar. Grandes esperanzas.
Si tienes que ser serás, si tiene que ser será.
Bailaba yo esa noche loca porqué me acordé de repente que al día siguiente libraba en el trabajo, estábamos en el medio del verano, después de un mes de dolor de desamor que ahora me resulta indiferente e imposible de asimilar como real.
Le dije a mi amiga que saldríamos, que iba a cenar con otra amiga vecina suya y que iría sobre las doce de la madrugada a buscarla.
Estaba en casa de la otra viendo una película de amor y tras echarme las cartas del Tarot, y ver que podía surgir alguna diablura nueva en mí destino, pues renegué de mi cansancio y apremiada pereza, y fui a buscar a la otra.
Cogimos un taxi hasta el Aire que estaba medio vacío, era martes. Los Güisquis estaban cargados, yo estaba sudorosa de la bici, y llevaba una triste camiseta de tirantes llena de corazones, un pantalón corto desgastado y unas espardenyas destrozadas por el viaje a Formentera del que había regresado ese mismo sábado anterior. “Todo es mentira en Formentira todo es verdad en Es Verdad”, dice la canción.
Llegué muy morena y vacía de todo, después de pasar horas de soledad en las calas más maravillosas y solitarias que jamás pude imaginar. Toda una playa para mi sola, durante todo un día. Recuperé en todo caso, un poco de serenidad y de alegría.
La belleza de la isla más femenina, me envenenó de sensualidad en grandes cantidades. Un orgasmo solitario, como los únicos que puedo tener desde hace ya más de dos meses.
Así le llamé a aquella que amé al otro lado del mar, y me escuchó y replicó con una llamada perdida, que no fue respondida. Sin noticias de nadie. Sólo de mi madre, la pobre que me llamaba cada día.
Quién me iba a decir que la pelirroja que me enviaba mensajes en aquella isla dichosa y cosía en mi faz una pequeña sonrisa en mis atardeceres, ahora sería la amante que arrebata orgasmos en el cuerpo de la que llamé al otro lado del Mediterráneo en aquella cala perdida.
Ella lleva dos de dos, y yo ninguno de una.
Sólo se que parece ser que a las mujeres cuanto más caso les haces más las pierdes.
La seguridad atrae más que la belleza. Las cosas claras, decir lo que sientes o lanzar la piedra y esconder la mano.
No sé como soy pero hasta el momento no he convencido, pero espero que esta vez sea la buena de verdad, y salga por fin y eternamente el sol.
De la nada apareció tu silueta negra oscura y con corbata de rayas. Mi natural condición de mujer curiosa y adoradora de corbatas y tirantes, más la suma en grandes cantidades de alcohol en mi cabeza, me condujeron a sostener por unos momentos tu corbata con mis manos y regalarte una sonrisa, que debió complacerte dulcemente puesto que volviste a pasar por el arco del amor una y otra vez.
Había una rubia desiderativa y considerada, que cogía su bebida por encima de mí, y sus amigas me querían liar entre ellas, y no paraban de torearme, y yo me dejaba.
Entonces bailé y bailé, bebí, sonreía sin parar y apareciste tú.
En el momento que miré al frente desde la columna del arco del amor, vi tu presencia acechante en la oscuridad cual vampiro en busca de sangre. Mi atención se desvió de la rubia pecosa, hacia tu planta esmerilada por las luces de neón de la sala. Ya no sabía que música sonaba, los sentidos los tenía turbios y enredados en tu sonrisa, que despertó a la mía. Te regalé un gesto con la ceja como preguntándote: ¿Quieres que vaya?, y tú contestaste afirmando con otro gesto sutil e indescriptible. Así decidí poderosa caballera de mí, acercarme a ti. Tenías apoyada la espalda en la pared central.
Te arrebaté la corbata y estiré suavemente para que tus besos cayeran sobre mis labios de rrepente.
Tus labios me gustaron, fue lo único que pude ver de ti en todo el rato, ni tus ojos, ni tú cara me dejaste ver, ni una sola palabra.
A veces tengo un extraño estremecimiento de presentir cuando algunas almas de mujeres que pasa junto a mí, y de algun modo registro una premonición, de familiaridad, de impresión de deseo por ellas, y no importa nada más, ni la parte corporal ni nada, solo su aura. Es una alucinación de pureza, como si te colmaran el cuerpo de magia y evidencia.
Y así me seguiste besando, y yo continué también. Con pasión, con deseo, con furor. Te cogí de las manos y te acorralé contra la pared y seguimos besándonos, te besé
sin miramientos sobre si hería la piel tersa de tus labios decididos y experimentados, ¿o quizás deseosos y esperanzados?
Deseosa te vi.
Me engañaste con tu nombre.
Pero te volví a ver y me volviste a besar con todo el deseo
del mundo, o más.
Resultaste ser por suerte una belleza

sublime de mujer a medio terminar.
Yo llegando a los treinta, tú llegando a los veinte. Pero aun así parece que crees que puede funcionar.
Las palabras se quedaban cortas para decir lo que sentíamos, al menos yo. No sabía qué decirte, pero me encantaste, tu voz delicada y sensual; tus ojos rabiosamente bellos y profundos, enmarcados en pestañas fuliginosas, negras y perfectas.
Por mi perfecto.
No quiero sufrir más, esta vida es para disfrutarla.
No me gusta esperar, pero te espero.
No quiero sentir más desazón por saber o dejar de saber de ti y tus intenciones.
No quiero decirlo todo y al final no decir nada.
No quiero perder lo que tengo contigo, aunque sea tan poco.
Quiero pensar que eres la mujer de mi vida, lo creo, lo quiero, lo considero de verdad y lo deseo.
Ahora me faltas tú.
Ahora me falta saber que quieres tú.

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